Nicolás Benítez – Dos cuentos cortos

I  – CARMENCITA

Dicen los hindúes que “la mentalidad de escasez es indiferente a vivir en la miseria o en la riqueza extrema”. Será por eso de la moraleja de esta historia.

Al padre de Carmencita, hombre rico por demás, nunca el pulso le tembló a la hora de cobrar, no le importó a quien en la calle dejar.

Ella fue enseñada que nada le debía faltar, pero en esa ambición aprendió de mucho necesitar. Un día su sostén se fue, partió para ya no volver. Carmencita siempre tuvo mas no le enseñaron a hacer.

Compraba con fanatismo y el amor no recibido también salió a comprar. Volvió a encontrar a su padre, esta vez en otros hombres que, avaros como aquel, la desplumaron sin dudar.

¡Vaya! historia la de Carmencita, en un olvidado Tarariras, pidiendo en la calle está.

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II – AMISTADES PELIGROSAS

Gabriela estaba sentada fuera de su casa en Colonia del Sacramento, planeando en el grupo de whatsapp con sus amigas la reunión de cumpleaños de Andrea, que sería al otro día.

Fue luego de pactar la hora y lugar que Amalia, su amiga de Ombúes, escribió: “No cuenten conmigo, hace 30 minutos vino Ricardo y bajó de su camioneta todas mis cosas en la casa de Papá, me acaba de dejar sin decir el motivo, estoy destrozada”.

Sus amigas insistieron en encontrarse en la fecha arreglada, logrando que Amalia accediera al pedido.

Al otro día las cuatro amigas se reunieron como lo hacían cada tanto, año tras año. Amalia les decía que ella sospechaba de una compañera del trabajo de Ricardo, su ahora expareja.

Virginia la miraba con ojos desorbitados al tiempo que inflaba un globo tras otro; sus cachetes ya estaban color frutilla.

Gabriela, que detestaba la cocina, usaba el botón de la batidora mientras preparaba el merengue.

Amalia lloraba y, de tanto en tanto, le metía los dedos al dulce de leche que estaba poniendo sobre el bizcochuelo.

Andrea embarazada las observaba desde el living, el cual estaba separado de la cocina por una extensa barra.

A todo esto las chicas no dejaban de opinar despectivamente sobre Ricardo, los calificativos eran variados: “mujeriego, sinvergüenza, desalmado. . .”

Fue en ese preciso momento en que a todas les llego un whatsapp.

Andrea, celular última tecnología en mano, dijo: “Creo que voy a parir acá, con lo que estoy viendo”.

Todas abrieron los ojos grandes y Amalia en ese preciso momento se desmayó.

Gabriela y Virginia corrieron a socorrerla, dejando los teléfonos en el suelo. Se veía un mensaje de Ricardo: “Como sé que el motivo de mi ardor de orejas debe estar allí, les mando para que pare este ardor. P.D.: Feliz cumple, Andrea!”

En la foto se distinguía nítidamente a Gonzalo, el hermano de Ricardo, besándose apasionadamente con Amalia, sentados en un banco con la bella y romántica playa Seré de fondo.

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Nicolás Benítez, 32, es de Tarariras. A los 8, su maestra le dijó que tenía que escribir. A los 15, compañeros de clase actuaron en una obra suya. Un poco antes de los 30, viajó 6 meses de mochilero, descubrió su pasión por el Yoga y se reencontró definitivamente con la escritura.