Steve Jobs y la revolución digital – biografia, por Martín Chispa

El nombre de Steve Jobs, en los últimos 40 años, siempre estuvo asociado a la tecnología de punta, grandes ideas de marketing y toques de genialidad.

Cofundador de Apple y de Pixar, empresas de gran prestigio y resultados financieros, él ya era millonario a los 30 años y llevó fama de haber criado productos codiciados y de haber lanzado películas que marcaron época.

Cuando empezó a mostrar señales de que su salud ya no andaba bien, en 2004, la prensa especializada en negocios y el mercado financiero siempre se preguntaban si estas empresas, después de su muerte, seguirían exitosas.

Por fin, era difícil imaginar como ellas seguirían prosperando sin la energía creativa y el carisma de este nerd que, cuando joven, abandonó la facultad (que sus padres mal conseguían pagar); que seguía dietas alimentares totalmente radicales (inventadas por él mismo); que insistía en andar descalzo (aún en el trabajo) y que no veía la necesidad de bañarse diariamente por creer que transpiraba poco.

Steve Jobs era una persona única, seguramente, pero no solamente en sus cualidades innegables, sino en sus defectos, que eran gigantescos. Para empezar, el famoso ”campo de distorsión de la realidad“, que funcionaba del siguiente modo: él veía lo que quería ver y no miraba lo que no le interesaba.

Así de simple.

Si estuviese lanzado en el desarrollo de un producto, como el Macintosh, o en el lanzamiento de Toy Story, su visión se concentraba en ese asunto específico y todo el resto a su alrededor se volvía invisible. El tenia la capacidad de vivenciar mentalmente un esquema ”aquí y ahora“, aquello que seria realidad dentro de algunos meses.

El otro lado de esta capacidad de abstracción total era muy complicado, una vez que él se rehusaba a enfrentar determinados problemas y a resolver situaciones, que ya se habían vuelto insoportables para sus colaboradores, por ejemplo. Él era capaz de comprometerse en una línea de acción con sus clientes, proveedores o colaboradores en reuniones y, cuando salía de ellas, se olvidaba totalmente del tema.

En el plano personal, en especial en el amoroso y familiar, este modo de actuar le produjo básicamente tristeza, distancia y resentimiento. Sólo se acercó a sus hijos al final de su vida.

Otro defecto, de los tantos que tenia, consistía en ejercer una postura dualista en relación a las cosas: era negro o blanco. No había escala de grises en sus juicios. Para desesperación de los ingenieros de Apple, o él creía que estaban haciendo una ”porquería” (la palabra que usaba era mucho más pesada y ofensiva), o era ”el comienzo de algo”.

El tercer defecto era simplemente escuchar las ideas de los otros y considerarlas como suyas.

Nada de esto le quitó el mérito de haber combinado arte con tecnología, de provocar y vivenciar surtos creativos y de promover incesantemente la innovación de ideas y productos. Steve Jobs contribuyó de forma decisiva con la revolución de, como mínimo, seis industrias: la de computadores personales, dibujos animados, música, telefonía móvil, publicación electrónica y tablets (la 2º gran revolución en computadores personales).

* * *

Volvamos al inicio.

Steve Jobs nació el 24 de febrero de 1955. Su madre era americana y su padre sirio y musulmán, educado por jesuitas. El embarazo inesperado fue un gran problema para los dos jóvenes, ambos con 23 años: ella fue amenazada por el padre – que la desheredaría si se casase (ellos tampoco querían casarse) – y pensar en aborto era complicado en esa época. La salida fue entregar el bebé para adopción. En este momento entra en escena la pareja Paul y Clara Jobs. Casados hace más de 9 años, no conseguían tener hijos.

Steve Jobs nunca conoció a su padre biológico, sólo encontró a su madre más de 20 años después y siempre se consideró hijo de la pareja Jobs, aunque supiese, desde niño, que había sido adoptado. El siempre alimentó, por toda su existencia, un sentimiento de rechazo. Su vida en la nueva familia siguió el padrón típicamente clase media norteamericano de los años 50. Se instalaron en Mountain View, en el Valle del Silicio, California, y allí quedaron. Casas confortables, sin mucho lujo, todas muy parecidas entre si, céspedes verdes y vecinos con el mismo status y renta de baja clase media, cuya rutina era igual todos los días: despertar, trabajar y dormir.

Además de tener empleos fijos, a su padre le gustaba arreglar, restaurar y revender autos antiguos, y el garaje de la casa era el lugar sagrado donde ocurría esta actividad. Steve Jobs no tenía esta pasión por autos, pero admiraba el esmero y la atención a los detalles que su padre demostraba. Todo tenía que ser perfecto, incluso los detalles de todo lo que no era aparentemente visible; él no sólo aprendió como incorporó y practicó esta importante lección, años más tarde, en su vida profesional.

En este mismo garaje, una parte de la mesada de trabajo había sido reservada por su padre para que Steve se interesara en el oficio de restauración de autos viejos, cosa que no ocurrió. Sin embargo, lo que empezó a atraer la atención de Steve fueron los componentes electrónicos de los autos. Al mismo tiempo, el Valle del Silicio empezó a recibir pesada inversión de parte de la industria militar. Donde había huertas y árboles de frutas empezaron a instalarse empresas de servicios, que actuaban para el gobierno norteamericano, como Lockheed y Westinghouse. La economía local cambió y la electrónica se transformó en la palabra del día como también el fundamento de esta nueva industria, que se basó, en un primer momento, en la construcción de transistores que utilizan silicio (elemento químico encontrado en granito, arena, cuarzo, argila y feldespato), por ser un material semiconductor.

Antes de ir a la escuela, él ya sabía leer pues su madre le había enseñado. Esto fue un problema, ya que él se aburría mucho en clase, por no tener nada que hacer. Además, él empezó desde temprano a demostrar su lado altamente independiente y contestador, y no se ponía de acuerdo con las ideas que las personas defendían. Después de algunos años, no sólo sus padres, sino también sus profesores, percibieron y comprobaron, a través de pruebas, que Steve Jobs era intelectualmente superior a sus compañeros.

Lo que le gustaba verdaderamente era participar del Club de Exploradores de la Hewlett-Packard, que consistía en una reunión semanal en una cafetería del vecindario, con un ingeniero de esta prestigiosa empresa de tecnología. El profesional les contaba a los chicos lo que él hacía en su trabajo, y Steve Jobs rápidamente se puso a hacer experimentos y a montar ”cosas“. Algunos años más tarde, ingresó en un curso rápido de electrónica para perfeccionar sus habilidades.

En la escuela, durante la adolescencia, ahondó en el estudio de la literatura, materia que le encantaba. Tenía pasión por Bob Dylan, sus versos y canciones y pasó a fumar marihuana. Tomó LSD algunas veces y consideró la experiencia una de las más importantes de su vida.

En el curso de electrónica conoció a una persona que cambiaría su vida: Stephen Wozniak. Él tenía 5 años más que Steve y poseía un gran conocimiento sobre la materia. El grupo consideraba Wozniak un pequeño genio. Por otro lado, desde el punto de vista emocional y social, se portaba como un niño. Resumiendo, un verdadero geek. Woz, como era su apodo, devoraba las revistas de electrónica de su padre y se divertía armando los más diversos “aparatos”.

Cierto día, leyó una materia sobre hackers (sí, ellos existían desde los años 70), sobre como engañaban el sistema de red de la AT&T (la compañía telefónica de los Estados Unidos de esa época) y hacían llamadas de larga distancia sin pagar nada. Se puso entusiasmadísimo y conversó inmediatamente con Steve. Los dos investigaron el tema a fondo y armaron en poco tiempo un pequeño aparato digital que hacia exactamente esto: llamaba gratis a cualquier parte del mundo.

Después de hacer varias pruebas y algunos “chistes “, Steve Jobs sugirió que comercializaran lo que habían inventado. Ellos mejoraron el ”Blue Box“, hicieron cuentas (los componentes necesarios costaban alrededor de 40 dólares) y vendieron poco más de una centena de aparatos a 150 dólares cada uno. Fue el comienzo de una asociación sin la cual la Apple no habría nacido.

En 1972, al salir de la escuela secundaria, Steve Jobs también salió de casa, tras haberse peleado con su padre, y se fue a vivir con su novia en un chalé. Trabajó en un shopping cercano, disfrazado de personaje de la historia “Alicia en el País de las Maravillas”, para ganar dinero. Ante la presión de los padres, accedió en ir a la facultad (promesa que había sido hecha por sus padres a la madre biológica), pero abandonó el curso en poco tiempo; se puso a oír música, usó drogas, se zambulló de cabeza en la filosofía budista e hindú; adoptó diversas dietas alimentares absolutamente radicales; frecuentó una hacienda comunitaria, hizo un curso de caligrafía y se encantó por el estudio de los diferentes tipos de letra.

En 1974 volvió a casa y buscó un empleo. Fue a parar en la Atari (pionera industria de videojuegos), como técnico y ganando 5 dólares la hora. En pocos días todos protestaban por su aspecto hippie, falta de higiene (no se bañaba todos los días ni usaba desodorante) y de su insubordinación. El dueño de la empresa había notado algo “especial” en Steve Jobs y lo dejó trabajar en el turno de la noche, cuando no había nadie, esquivando así la situación.

De repente, un día, presentó su dimisión porque quería irse a la India a encontrar su “gurú”. Sugirió que le ayudasen a pagar el billete.

La Atari, en aquel exacto momento, tenía un gran problema técnico en Europa: sus productos, hechos para los hogares norteamericanos, eran incompatibles con los padrones europeos de energía eléctrica. La compañía sugirió que él fuese para allá y resolviera la situación, después se iría a la India. Fue lo que hizo.

En 1975, retornó a los Estados Unidos, fue a la Atari y le pidió su puesto nuevamente. La empresa lo aceptó – aunque en aquel momento parecía un hare krishna – y por precaución, siguió trabajando por la noche. Le asignaron la misión de desarrollar la nueva versión de un “jueguito”. Steve Jobs, que nunca fue un gran ingeniero, no dudó en llamar a su amigo Wozniak ofreciéndole la mitad de lo que ganase con el proyecto, si él lo hiciese en 4 días, usando menos chips que la versión actual. En el plazo acordado, el producto estaba listo.

En el mismo año se publicó un reportaje sobre el primer computador personal, que venía en un kit para armar. A partir de ahí, toda una nueva generación de jóvenes nerds norteamericanos se interesó por el tema, una vez que veían en el computador personal un símbolo de libertad y expresión individual. Bill Gates y Paul Allen inmediatamente empezaron a escribir una versión BASIC para el Altair (y así nació la Microsoft, pero esa es otra historia).

Stephen Wozniak, sin hacerse notar, decidió hacer su proprio ordenador. Después de algunos meses, presentó su primer prototipo a Steve Jobs, que se impresionó muchísimo. Jobs propuso dos cosas: que Woz parara de mostrar sus descubiertas abiertamente y que abriesen una empresa los dos juntos. Así nació la Apple, manzana en ingles (fruta en la cual se basaba una de sus dietas radicales). Lanzaron comercialmente el microcomputador Apple l y, como no tenían fondos, instalaron la empresa en el garaje de la familia Jobs.

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Steve era un gran vendedor y consiguió colocar en el mercado el primer lote del producto. Además, empezó a promover la marca y el Apple l de todas las formas posibles, contactando los “clubes de electrónica” y participando de ferias comerciales. En poco tiempo, él y Woz llegaron a la conclusión que necesitaban un producto mejor, bien terminado y completo.

Crearon el Apple ll, cuyo concepto básico era la total integración entre hardware y software; el computador personal pasaría, desde ahora, a ser considerado una máquina lista y completa para ser usada por cualquier persona. ¡Ya no era más un hobby ni un juguete para armar!

Fue un largo camino hasta desarrollar tecnológicamente la Apple y estructurar la parte administrativa y financiera representaba un reto, o algo tipo “la tarea de casa” para estos dos jóvenes que estaban más interesados en el desafío de la idea del computador personal, que en los pormenores burocráticos y políticos que había que resolver. Woz no tenía la vena para eso y le tocó a Jobs cuidar de esos aspectos. Después de muchas reuniones, idas y vueltas, peleas y reconciliaciones, él consiguió traer aporte financiero y armar toda la estructura corporativa de la Apple.

Ahora la empresa tenía dirección, fondos para desarrollarse y un desempeño de ventas creciente y satisfactorio. En 1975 se vendieron 2.500 unidades del Apple ll. En 1981 el número saltó para 210.000.

Jobs y Woz eran dueños de la compañía pero no la dirigían; trabajaban para ella. Jobs se dio cuenta que el suceso no duraría para siempre y visto que el producto era una invención de Woz, quiso imprimir su marca en algo nuevo y único.

El Apple lll ya estaba en marcha cuando Jobs se ausentó del proyecto, creó un equipo interno y empezó a hacer su proprio computador. Así surgió el Lisa (el nombre de la primera hija de Jobs). Diferente de los computadores ya existentes, incluso los de Apple, el Lisa tenía una interface gráfica mucho más fácil de leer, y además proponía un ambiente con íconos intuitivo y amigable para el usuario.

Aunque fuese un avance tecnológico para su época, el “Lisa” fue decepcionante en ventas. Además, la personalidad antipática, agresiva y obstinada de Jobs causaba una serie de problemas relacionales en la empresa. Su conducta ética para los negocios también era criticada. Al final de 1980, la dirección de la empresa que él mismo había fundado, le “cortó las alas”: lo dejó sin ninguna función ejecutiva, quedando tan sólo su imagen de creador y espíritu innovador impresos en el producto.

Algunos meses más tarde la Apple lanzó sus acciones en la bolsa de valores de Nueva York y Steve Jobs se despertó millonario. ¡La empresa valía estimados 1 billón y 79 millones de dólares!

Y Jobs siguió en la misión autoimpuesta de crear un microcomputador que tuviera su cara y su firma. Una vez más, reunió un pequeño grupo de trabajo y se concentró en desarrollar lo que cambiaría para siempre toda la industria de microcomputadores: el Macintosh – el primer MAC. Fue una revolución.

Lanzado en 1984, el Macintosh era una obra de design, traía la famosa interface gráfica y presentaba el mouse al mundo. Fue un suceso de ventas. Representó el comienzo de una nueva industria: la del desktop publishing (publicación electrónica), o sea, a partir de ahora el usuario podía crear y modificar sus documentos.

La Apple no paró de crecer; Jobs, la dirección y los miembros del consejo de administración decidieron que era hora de contratar un nuevo presidente para llevar la empresa a un nuevo peldaño. Jobs todavía se consideraba demasiado joven para el puesto, y se encargó personalmente de encontrar un profesional disponible para el cargo; después de todo, ¡él todavía era el dueño! Eligió a John Sculley, un ejecutivo de marketing agresivo, que en ese entonces era director de la Pepsi-Cola. Sus estrategias de suceso hicieron “temblar” la competencia. Y era eso, marketing, que Apple necesitaba, según Jobs.
Después de una intensa relación de trabajo, que pasó por todas las etapas posibles, Sculley y Jobs llegaron al final: Sculley propone al consejo que retiren a Jobs de la Apple y, hecho así, en 1985, Steve fue dimitido a los 30 años, aun quedándole parte de la empresa.

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Frustrado y herido en su orgullo personal y profesional, vendió todas sus acciones (11% de la compañía), lo que le rindió poco más de 100 millones de dólares. Jobs se quedó con una única acción, con el propósito de participar de las reuniones de accionistas cuando quisiera.

Millonario y furioso con la Apple, creó su propia empresa de computadores personales, la NeXT. Fue un fracaso total.

En 1986 compró también la Pixar, una empresa que originalmente hacía parte de la Lucasfilm (productora de la serie Star Wars), y especialista en integración hardware y software, mezclando creatividad y tecnología. En realidad, era una empresa de computadores que tenía una pequeña división de animación de películas. Y fue esta división la responsable por la revolución de los dibujos animados; basta citar Toy Story, Monsters y Cars. En 2006 Walt Disney Company compró la empresa y transformó Steve Jobs en el mayor accionista individual de la Disney.

Pero la Apple no le salía de la cabeza. Y el espíritu Jobs seguía resistiendo en la empresa aún, y sobretodo, en su ausencia.

La compañía no iba bien. Había perdido su vocación de líder creativa para transformarse en una mera industria de computadores, con metas puramente numéricas. Lo inevitable, y por así decir, lo inesperado, sucedió en 1997. El consejo administrativo cesó al presidente en el cargo y recolocó a Steve Jobs como consultor con plenos poderes. El rehusó el cargo de CEO que le ofrecieron al principio pero, poco a poco, se fue acostumbrando a la idea y, al cabo de algunos años, aceptó oficialmente el puesto que él ya ejercía, informalmente.

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El hecho de haber creado una nueva industria, el tener suceso, volverse millonario, ser despedido de la empresa que era su vida, haber fallado y acertado fue, al final de cuentas, benéfico. Steve Jobs estaba de vuelta, con los mismos defectos de siempre, pero en el auge de su creatividad, y totalmente decidido en hacer de la Apple la mejor empresa del mundo.

Se cercó de un equipo de primera línea y en poco más de 10 años creó, no solamente productos memorables, como también ayudó a establecer nuevas categorías de productos:
– el iMac, lanzado en 1988, con suceso absoluto, revoluciona el mercado con su design y concepto de utilización;
– en 2000, surgen los iBooks;
– en 2001, inaugura la primer Apple Store, considerada el templo oficial de adoración y compra de los productos de la empresa, que además representaba una innovación en la forma de vender al por menor.
– en 2001, presenta al mundo el iTunes, aplicativo que permite gerencia de la biblioteca musical del usuario;
– en el mismo año, lanza el iPod con extraordinario suceso. Cuando Bill Gates lo vio, preguntó: “¿Funciona solo en el Macintosh?”;
– en 2003, surge la tienda del iTunes, que se vuelve oficialmente la primera tentativa seria de resolver el problema de la industria fonográfica mundial, afectada por la creciente piratería digital de discos y canciones. Fue y es un suceso hasta hoy;
– a partir de 2006, lanzan laptops considerados verdaderos marcos de la industria de microcomputadores: MacBook y MacBook Air;
– al final de 2007, surge el iPhone y
– en 2010, el mundo conoce el iPad, que no pode ser considerado una evolución del ordenador personal. Se trata de un concepto exclusivamente nuevo, con una interface totalmente amigable (en la que desaparecen teclado y mouse) y con programas que se transforman en aplicativos.

Todo muy simple e intuitivo. La informática fue a parar, literalmente, a la punta de los dedos de los usuarios.

Su mente no paraba nunca, y Jobs seguía visualizando el futuro. En determinada ocasión, en una reunión del consejo de administración de la Apple, estaban todos contentos por el suceso mundial del iPod – cuyas ventas representaban aproximadamente mitad de los ingresos de la empresa – y Jobs hizo un comentario que fue una ducha de agua fría para todos.

Sacando un móvil de su bolsillo, dijo que la industria de máquinas fotográficas ya había perdido la batalla, pues todos disparaban fotos con el celular. Afirmó que, en poco tiempo, el iPod iba a desaparecer, pues en breve algún fabricante iba a colocar un reproductor de música en los teléfonos.

Entonces, cuando le preguntaron que harían, simplemente contestó que la Apple debería lanzar un celular que permitiese hablar por teléfono, oír música y que traería otras novedades.

Y más. El móvil de Apple no debería tener ninguna tecla, pues no eran prácticas y le robaban espacio útil al producto, opinaba Jobs. En ese momento el iPad ya estaba en desarrollo; el proyecto fue a parar en un cajón durante un tiempo, pero usaron la tecnología multi touch, que permitía el uso con toque directo en la pantalla.

¡Nacía el iPhone!

Toda esta creatividad le costó caro a Steve Jobs. Tuvo muchos problemas en su vida profesional y personal. Su relación con su primera hija, Lisa, fue un desastre (él simplemente sugirió a la madre – una enamorada de la adolescencia – que abortase, cuando supo que estaba embarazada). El nunca digirió el hecho de haber sido rechazado por sus padres biológicos (incluso su padre trató de acercarse a él en los últimos años, y Jobs lo ignoró).
Al mismo tiempo era simple, sin ostentación y le encantaba trabajar en lo que le gustaba.

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En la graduación de alumnos de la Universidad de Stanford, en Palo Alto, el 12 de junio de 2005, Steve Jobs profirió un discurso que resume bien el modo como él encaraba la vida.

El empezó de la siguiente manera:

“Estoy honrado por estar hoy aquí con ustedes, graduados de una de las mejores universidades del mundo. Yo nunca me gradué. Para ser honesto, esta es la primera vez que participo de una graduación universitaria. Hoy quiero contar 3 historias de mi vida. Solo esto. Nada muy grandioso. Apenas 3 historias. La primera historia es sobre juntar los puntos.”

Les contó sobre su corto periodo en que cursó la facultad y habló de su madre biológica y de la adopción por parte de los Jobs. Su madre, que tampoco había hecho curso universitario, dejó claro que la condición básica para los candidatos era que fueran graduados.

Un abogado y su esposa eran los primeros en la lista para la adopción, pero querían una niña, por lo tanto llamaron por teléfono a los Jobs y les fue ofrecida la guarda de un niño. Su madre se rehusó a firmar los papeles oficiales para la adopción al saber que el sr. Jobs no tenía diploma universitario. La pareja le prometió a la madre que mandarían al niño a la universidad cuando creciese.

A los 17 años ingresó en una de las facultades más caras del país porque quería aquella y no otra, aun sabiendo que sus padres no tenían dinero suficiente para pagar todos los años de estudio. Después de 6 meses, nada le había interesado y desistió. Se quedó en el campus, durmiendo en el suelo en la habitación de amigos, recogiendo envases de vidrio retornables de Coca-Cola y, a 5 centavos de dólar la unidad, los vendía para comprar comida. Todos los domingos se iba caminando por 10 quilómetros hasta el templo de los Hare Krishna, donde le daban una comida decente, la única de la semana.

Se fue a hacer un curso de caligrafía donde aprendió sobre fuentes, con o sin remates, espacio entre letras y otras peculiaridades de la tipografía.

“No había el menor indicio de que esto pudiese tener alguna aplicación práctica en mi vida. Pero 10 años después, cuando estábamos criando el primer Macintosh me volví a acordar de todo. Fue el primer computador con una linda tipografía… Si yo no hubiese dejado la facultad, nunca habría hecho un curso de caligrafía… No se consigue juntar los puntos mirando hacia delante; solamente se pueden juntar mirando hacia atrás. Entonces tienen que creer que los puntos se han de juntar, de algún modo, en el futuro. Es importante que crean en algo, sea instinto, vida, karma; lo que quieran…”

Y él prosiguió:

“Mi segunda historia es sobre amor y pérdida. Yo fui feliz – encontré pronto lo que me gustaba hacer. Woz y yo empezamos la Apple en el garaje de mis padres, cuando yo tenía 20 años. Trabajamos duro y en 10 años la Apple se transformó en una empresa de 2 billones de dólares… con más de 4.000 colaboradores… Y ahí me echaron…”

Él se quedó un tiempo sin hacer nada, con apenas 30 años y millonario. Estaba convencido que era un fracaso público y quería desaparecer. Recordó entonces como había empezado NeXT y Pixar y como Apple terminó comprando NeXT. Él estaba de nuevo al mando.

“No me di cuenta de eso en el momento, pero haber sido dimitido de la Apple fue la mejor cosa que me sucedió en la vida. El peso del suceso se transformó en ligereza al empezar de nuevo… Esto me libertó y proporcionó uno de los momentos más creativos de mi vida… Estoy convencido de que la única cosa que me llevó adelante fue amar lo que hacía… El trabajo de ustedes ocupará grande parte de su tiempo, por lo tanto la única manera de estar satisfecho es haciendo lo que creen ser un gran trabajo… Sigan buscando hasta encontrarlo. No desistan.”

Su tercera historia fue sobre la muerte.

Estaba acostumbrado a mirarse al espejo diariamente y se preguntaba: “¿Si fuera hoy el último día de mi vida? ¿Yo realmente haría lo que voy a hacer hoy?” Y cuando la respuesta era “no” por varios días seguidos, él sabía que tenía que cambiar algo.

* * *

Diagnosticado con cáncer el año anterior, los médicos le dieron como máximo 6 meses de vida. Después descubrieron que podía ser operado y que había una oportunidad de sobrevivir, por largos años.

“Esta fue mi experiencia de muerte más directa y espero que sea la única durante algunas décadas más… Nadie quiere morir… Y la muerte es el destino que nos une a todos… Y así ha de ser, pues la muerte es probablemente el mejor invento de la vida. Es la autora del cambio de la vida: quita lo viejo y lo reemplaza por lo nuevo…”

Y siguió:

“El tiempo de ustedes es limitado, por lo tanto no lo desperdicien viviendo la vida de otra persona. No sean prisioneros de dogmas, o sea, no vivan según las conclusiones y modo de pensar de los otros. No dejen que las opiniones ajenas callen sus voces internas. Y lo más importante de todo, tengan el coraje de seguir sus corazones e intuiciones…”

El cáncer de páncreas volvió y Jobs pasó a luchar como podía, de diferentes modos: contrató un equipo médico de elite; fue una de las primeras personas a tener la secuencia genética mapeada por completo; estudió a fondo su enfermedad y apeló a varias dietas insólitas, bien a su estilo personal.

Siguió trabajando todos los días, al frente de la Apple, perfeccionando los productos de la empresa, y repartiendo con su equipo su visión de futuro y su entusiasmo por la innovación tecnológica.

Steve Paul Jobs murió el 5 de octubre de 2011, a los 56 años.